miércoles, 11 de junio de 2014

Un grito de Rabia y Orgullo

Dieciocho días después del atentado a las torres gemelas, Orianna Fallacci empuña la pluma y el papel y rompe el silencio para escribir “La Rabia y el Orgullo”, una obra que se convierte en un magistral monólogo calado de ímpetu y ferocidad. Es la defensa de la cultura occidental, el rechazo al fundamentalismo islámico y el ataque a los intelectuales de izquierda que propician un entendimiento con el Islam.
En sus palabras florece la nostalgia por su querida Florencia y se asoman con añoranza los recuerdos de su padre, militante del movimiento antifascista de los años 30 “Justicia y Libertad”, de quien hereda el espíritu crítico y guerrero.
Su lenguaje desafiante parece de una guerrera dispuesta a dar la cara en la primera línea de batalla. En el prólogo, afirma que se arrojó a la máquina de escribir “con el ímpetu de un soldado que sale de la trinchera y se lanza contra el enemigo”.
Cuenta las razones que la llevaron a abandonar Italia y poner el océano atlántico de por medio. Por primera vez, descubre ante sus lectores su alma desilusionada, ofendida y cubierta de heridas que desde la niñez no han terminado de sanar y que con cada nueva decepción se abren un poco más. Decide hablar porque “hay momentos en la vida cuando hablar es una obligación. Un deber civil, un desafío moral.”
Aunque es un libro lleno de verdades, no deja espacios para el diálogo, la comprensión, para el acercamiento de visiones diferentes y hasta opuestas sobre el mundo. Quizás sea porque no nació producto de una reflexión largamente razonada, sino como una catarsis en un momento embargado por la indignación y la pasión.

Casi puedes escuchar la voz de Orianna impregnada de decepción, incredulidad y enojo. Te perturba. Oriana no llora con lágrimas sino con palabras que fluyen a borbotones y que empapan de sentimientos cada página. Es un libro que te inquieta y te hace cuestionar hasta tus propios principios. Más que llamar a la reflexión es un grito desesperado, indignado, ante la pasividad del mundo occidental socavado por los musulmanes.
Por Estefanía Reyes

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